¿Por qué merece la pena el esfuerzo dedicado a los grupos pequeños?

Te pierdes el poder transformador de un campamento si no diseñas el programa intencionalmente para incluir grupos pequeños. – David Caldwell

Un Artículo de la revista BMC Medical Education llamado “Facilitating small group learning in the health professions” «Facilitar el aprendizaje en grupos reducidos en las profesiones sanitarias» revisa la evidencia de cómo el aprendizaje en pequeños grupos favorece el aprendizaje en profesionales de la salud, comparado con métodos más tradicionales como las clases magistrales. 

Algunos de los beneficios descritos son: 

Comprensión más profunda 

  • Los estudiantes pueden construir conocimiento activamente y contrastar su comprensión con la de sus pares. No es sólo recibir información pasivamente. 

Autonomía en el aprendizaje 

  • Se estimula que los estudiantes se responsabilicen del aprendizaje, que investiguen y aporten sus ideas. 

Multiplicidad de perspectivas 

  • En grupos pequeños, se encuentran diferentes puntos de vista que enriquecen el aprendizaje, al comparar ideas, debatir y corregir malentendidos. 

Desarrollo de habilidades interpersonales y de equipo 

  • Trabajar en equipo promueve la colaboración, la comunicación, el entendimiento mutuo y la coordinación entre miembros. 

Si así es como sucede en las aulas de clase, ¿te imaginas en un campamento donde tienes contacto con la creación de Dios y compartes tres, cuatro días o una semana con los de tu cabaña? 

Cuanto más nos permitimos profundizar en nuestras relaciones con otros creyentes, más va siendo moldeado nuestro carácter a la forma de Jesus, entonces, nuestro Maestro Jesucrito nos va enseñando cómo vivir y así ir madurando en la fe. Pero por supuesto esto no podría ser realidad sin la intencionalidad de compartir nuestras vidas en grupos pequeños, pues gracias a estos podemos ver: 

En el alma: 

  • Mayor intimidad en la reflexión: se facilita un espacio más profundo para la meditación, el estudio de la escritura o la oración. 
  • Crecimiento personal acompañado: los integrantes pueden apoyarse mutuamente en sus procesos de fe. 
  • Discipulado: es más viable guiar y ser guiado en la práctica de valores, virtudes y hábitos espirituales. 
  • Unidad y comunidad auténtica: el grupo se convierte en una familia de confianza donde se vive la espiritualidad de forma práctica. 

En las emociones: 

  • Sentido de pertenencia: las personas se sienten parte de una comunidad más cercana y acogedora. 
  • Seguridad y confianza: al haber menos presión social, se reduce el miedo a equivocarse o ser juzgado. 
  • Apoyo mutuo: los miembros pueden compartir cargas, animarse y celebrar logros en conjunto. 
  • Espacio de expresión: es más fácil abrirse y compartir experiencias personales o inquietudes. 
  • Fortalecimiento de la empatía: escuchar historias en un ambiente íntimo desarrolla sensibilidad hacia los demás. 

En la educación: 

  • Mayor participación individual: cada persona tiene más oportunidades de expresar sus ideas, hacer preguntas y recibir retroalimentación directa. 
  • Aprendizaje colaborativo: se fomenta el intercambio de conocimientos, experiencias y puntos de vista. 
  • Atención personalizada: el facilitador o maestro puede identificar con más claridad las fortalezas y debilidades de cada integrante. 
  • Desarrollo de habilidades sociales: escuchar, argumentar y construir consensos son competencias útiles para la vida. 
  • Refuerzo de la comprensión: al explicar o dialogar en un grupo reducido, se fijan mejor los conceptos. 

Conclusión con puntos clave

Así que, cuando se forma el grupo de la cabaña, tiene un potencial increíble para transformar positivamente a sus miembros. Es importante que las personas permanezcan en sus grupos pequeños. Es su comunidad. Al comer, jugar, estudiar y aprender juntos, maduran juntos en Cristo.